The Texas Border

Video instalación en línea que muestra las retransmisiones en directo de las cámaras de vigilancia colocadas por BlueServo lo largo de la frontera México - EE.UU. en Texas. BlueServo es una plataforma de Internet hecha por Texas Border Sheriff ‘s Coalition donde varias cámaras de vigilancia situadas en la frontera están a disposición de cualquier persona que quiere tener el control sobre los que tratan de entrar ilegalmente a Estados Unidos y denunciar estas acciones a través de un sitio web. La pieza consta de 64 videos de los archivos BlueServo y la señal en vivo de estas videocámaras.

Texto por Iván Marino - Barcelona 2010.


Un grupo de gente bienpensante de la sociedad norteamericana ha tenido el noble objetivo de crear una agrupación civil, sin fines de lucro, que contribuya a la caza del inmigrante ilegal. Para ello se ha valido de las bondades del mundo tecno-globalizado y ha diseñado una red de cámaras remotas que surcan el horizonte de la Texas-Mexico Border, emitiendo señales videográficas continuas en Internet —lo que en jerga ingenieril se denomina live streaming media—. Esta Community Watch invita a los ciudadanos estadounidenses a participar en un coto de caza virtual. La maquinaria de vigilancia digital tiene, por una parte, la función de criar y domesticar ciudadanos aptos para la cetrería. Por otra parte, mediatiza o amortigua la violencia de la caza directa transformando el acecho y la matanza de la presa en una suerte de videojuego que evita al cazador las arbitrariedades del desierto texano. Pero existe todavía una tercer función de este dispositivo, además de domesticar y mediatizar,  que llama poderosamente la atención: encandilar o hipnotizar con la trágica belleza de las imágenes capturadas por los aparatos. Dispuestas en territorios abandonados, arenales, páramos que no han sido artificialmente preparados para el tránsito humano, las imágenes capturadas nos hablan también del sinsentido y de la nada. Las señales videográficas integrarían —según categoría que De Quincey define en El asesinato considerado como una de las bellas artes—  a los ‘curiosos del homicidio, aficionados y dilettanti de los diversos modos de la matanza’.  El proyecto de Joana Moll y de Helio Santos está centrado en el gesto de recontextualizar estas imágenes e incluirlas en un espacio expositivo dedicado al arte, gesto que plantea una pregunta incómoda al espectador: ¿Pueden juzgarse estas imágenes desde un punto de vista estético? Los caprichosos del crimen del relato de De Quincey argüían que jamás cometerían un asesinato, pero que una vez consumado el acto criminal, el asesinato es un fait accompli que solo puede ser juzgado desde un punto de vista estético. Pero «cuando un crimen se encuentra en el tiempo paulo-post-futuro —que no se ha realizado, ni siquiera se está realizando, sino que sólo va a realizarse— y llega a nuestros oídos un rumor del mismo, por todos los medios debemos tratarlo moralmente». * En este sentido las imágenes incrustadas en el espacio expositivo resultan a la vez un objeto estético y moralmente comprometedor, en la medida que son el testimonio de crímenes cometidos y por cometer.* Ref. De Quincey, Thomas. El asesinato considerado como una de las bellas artes. Ed. Optima. Barcelona. 1997.


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